El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




sábado, 25 de febrero de 2017

¿Que pensará la gente?

        Vivir de apariencias, vivir tratando de ocultar la realidad personal, vivir con una máscara, vivir para agradar y satisfacer a otros, es uno de los caminos más cortos para llegar al sufrimiento, ya que jamás se va a conseguir satisfacer a todo el mundo, y el no cumplir el propio deseo de agradar y deslumbrar a otros puede ser causa de sufrimiento. Es imposible cumplir las expectativas que puedan tener otros. Cada persona tiene su propia expectativa, su propio pensamiento, su propia creencia, su propia realidad.

Tratar de enmascarar la propia realidad, esconderla, disimularla, es no sentirse feliz con la propia vida, es no aceptar la vida, es …, no amarse, y quien no se ama a sí mismo, ¿Cómo va a ser capaz de amar a otros?, es imposible. Vivir para satisfacer a los demás es dilapidar completamente la vida, ya que se reniega de la misión principal, que es “aprender a amar”. El Amor comienza en uno mismo, y para llegar a amarse primero hay que aceptarse.



Pero es curioso, siempre se trata de agradar, de satisfacer y de no hacer algo que dé que hablar a los desconocidos. Si se pusiera el mismo interés para agradar y complacer a la familia, a los amigos y conocidos, la vida sería diferente, y las relaciones también.

Si se tratara de agradar a los conocidos y a la familia con el mismo énfasis que se pone para agradar a los desconocidos, se acabarían los enfados, los malentendidos, los silencios, etc.

¿Alguna vez has pensado en qué pensaría tu pareja?, ¿Qué pasaría si todo el afán fuera para satisfacer a la pareja, para agradarla, para cumplir sus expectativas? Si todo lo que se hiciera fuera para satisfacer y hacer feliz a la propia pareja, la vida sería un camino de pétalos de rosas, y lo sería en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la unión y en la separación.

¿Alguna vez has pensado qué pensarán tus hijos cuando les dices que no tienes tiempo, o que estás trabajando, o que no puedes dejar lo que estás haciendo porque es muy importante?, ¿Cuántas veces se frustran los niños por tratar sus padres de satisfacer las expectativas de desconocidos?, ¿Cuántas veces se colocan en el lugar de sus hijos?, ¿Te has cuestionado alguna vez, cuanto es de importante para tu hijo su juego, o que le veas como lo hace?

Vivir para dar satisfacción a los nuestros en la mejor forma de amor, de comprensión, de tolerancia, y esa es la verdadera razón de la vida.

Desgraciadamente la inmensa mayoría de las personas viven instaladas en la noria de una vida en la que en cada vuelta de la rueda piensan que deben lucir esplendorosos en su exterior y con el suficiente maquillaje para que no se trasparente cada una de las desgracias que jalonan su vida. ¡En vez de maquillar el exterior sería bueno arreglar el interior!

“Y que me importa a mí lo que piense mi vecino”. El pensamiento de otra persona no afecta en lo más mínimo, con el pensamiento del vecino se va a seguir igual de alto, igual de bajo, igual de rico, igual de pobre, en suma, igual de todo, no afecta para nada. Por lo tanto, ¿Porque tanto sufrimiento para tratar de agradar a los demás?

Sin embargo, el pensamiento sí que afecta al pensador. Los pensamientos son energía, y en función del tipo de pensamiento, desprenderá un tipo u otro de energía, que le va a afectar positiva o negativamente en el desarrollo de su vida, y por supuesto, está generando un Karma que tendrá que eliminar en esta o en posteriores vidas.


Por lo tanto, ¡Cambia ya el pensamiento de “¿Qué pensarán los demás?”, por el de “Y a mí que me importa”!

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