El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 23 de abril de 2018

"Estar en la Gloria"


         




             ¿Por qué sufres? -preguntó el Maestro.

             Por la muerte de mi esposa -le respondió el discípulo.

            Y ¿crees que tu dolor es una buena herramienta para devolverle la vida? -siguió el Maestro.

  Ya sé que nada va a devolverle la vida -replicó el discípulo, un poco molesto.

            Entonces, ¿por qué sufres? -insistió el Maestro.

            Extraño su presencia, y no quiero olvidarme de ella -respondió el discípulo.

          Te propongo un plan: En lugar de pensar en su muerte y en que ya no está a tu lado, piensa en los infinitos momentos de felicidad que pasasteis juntos. Así no la olvidarás, la recordarás con alegría, incrementarás tu amor por ella y disminuirá tu apego, con lo que dejarás de extrañarla. Y por si eso fuera poco, piensa que donde está ahora es mucho mejor todavía que eso que los hombres definís como “Estar en la Gloria” -sentenció el Maestro.



martes, 10 de abril de 2018

Tocando el alma (3 de 3)


No sufran porque hayan pecado, no existe el pecado, pero tampoco sufran por su Karma, en lugar de sufrir, piensen, hablen y actúen con Amor.

Cuando el hombre comprende que todo lo que le llega en el discurrir de la vida ha sido pactado por el alma antes de la vida física, se libera de culpas y de miedos. Y cuando acepta la situación, se acerca al estado de felicidad y, por ende, a Dios. ¡Aleluya!, ahí comienza el final del sufrimiento.

Cuando no existe ofensa, no es necesario el perdón.


El Amor es inherente a la persona, es una energía que se encuentra en el cuerpo energético del ser humano y no se puede dar si no se atesora con anterioridad.

La pareja, que es una gran escuela para aprender realmente a Amar, para aprender a desarrollar la paciencia, la tolerancia, la generosidad y el respeto, se convierte en un campo de batalla, en el que se utilizan toda clase de armas arrojadizas, incluso a veces, desgraciadamente, los propios hijos.

Del amor al odio no hay un paso. Lo que pasa es que nunca existió el amor.

Los seres humanos se creen incompletos y por lo tanto piensan que necesitan otra mitad para ser felices, para ser completos. Pero no. Los seres humanos ya son “completos”, ya son perfectos tal como son, ni les sobra ni les falta nada, por lo que buscar complementarse con otro ser humano es abocarse al fracaso.

Hay que aprender a Amar para poder dar Amor, hay que practicar el respeto para respetar, hay que ser generoso con uno mismo para poder serlo con los demás, hay que valorarse uno mismo para poder valorar al otro, hay que ser feliz para poder hacer feliz a la otra parte.

La palabra debe cumplirse, las promesas deben cumplirse, y si no se cumplen generan Karma.

El Amor nace en el interior, es una energía que crece y crece, y crece cuando se da, no cuando se recibe.

La vida es una elección, y cada persona elige como quiere vivir, vivir el sufrimiento o vivir la felicidad. Por lo tanto, lo que sufran otros, es su problema, es su elección, es su vida.

No tienen que esperar que nadie les ame, no tienen que esperar que nadie le haga feliz. Tienen que cambiar el pensamiento: En lugar de esperar que le hagan feliz, usted tiene que hacer felices a los que le rodeen y, por supuesto, en lugar de esperar que su pareja le ame, usted tiene que amarla.

La vida, no es como a cada persona le gustaría que fuera. La vida es, y punto, y querer que sea según los propios deseos es como querer retorcerla, y es el camino más corto para el sufrimiento. 

Yoga es cualquier movimiento, siempre que se haga con total atención, pero también es cualquier “no movimiento” del que se sea totalmente consciente, ¡Yoga es una forma de vivir!, ¡Yoga es el fin de la vida del ego!, ¡Yoga es la unión con Dios!

La espiritualidad, como el Amor, se ha de buscar en el interior de la persona, no en centros especializados, no en la cocina, no en las iglesias.

Si Dios es Amor, si Dios es Alegría, si Dios es Paz, si Dios es Felicidad, el camino para llegar a Él tiene que estar inundado de esas cualidades.

Despertar significa dejar de identificarse con el cuerpo para identificarse con el alma, sin olvidar, por supuesto, que el cuerpo es el instrumento para despertar. Se trata de no dejarse dominar por la mente, pero teniendo claro que el despertar ha de iniciarse en la mente. Por lo tanto, no se puede abdicar y mucho menos aborrecer al cuerpo, ni a la mente. Se trata, con el cuerpo como instrumento y bajo la dirección de la mente, vivir en Dios.

Las dificultades solo son enseñanzas.

Cuando se den cuenta de que todo forma parte de un gran plan, aprenderán a rendirse y a no tener miedo.

La esencia del hombre es Dios, la esencia del hombre es Amor, pero revestido de materia ha olvidado su origen, ha olvidado su destino y cuál es el vehículo para recorrer la distancia que le separa entre su origen y su meta. El vehículo no es otro que el Amor.

Bendiciones.



lunes, 9 de abril de 2018

Tocando el alma (2 de 3)





El ser humano es un calco de sus pensamientos.

Todas las almas, cuando abandonan el cuerpo, hacen el mismo recorrido, tanto si han sido malvados como bondadosos, en su viaje por la materia. No existe el cielo, ni el purgatorio, ni el infierno, ni el seno de Abraham, ni el jardín del paraíso, solo existen otras dimensiones, distintas a la materia, y es allí adonde el alma dirige sus pasos después de la muerte del cuerpo.

Recordar la divinidad del alma el primer objetivo de la vida. El segundo es aprender a Amar, y el tercero, Amar a Dios con tanta intensidad que solo se viva para servirle. Esos tres objetivos juntos, conseguidos en su máxima expresión, forman un conjunto que bien podría definirse como la Tríada para la Ascensión.

No hay que luchar contra la oscuridad, solo hay que dar al interruptor. No hay que luchar contra el miedo, solo hay que activar el amor.

Amor significa aceptación de uno mismo tal cual es, Amor significa aceptación de los demás tal como son.

No juzgue nada, las cosas son como son y no ha de tener ningún interés en como deberían ser, en como tendrían que ser, en cómo piensa usted que han de ser.

El Amor no está interesado en definir qué es bueno y qué no lo es, porque el Amor sólo está interesado en la realidad.

Los seres humanos se pasan la vida buscando a Dios. Se desesperan por lo que creen que está muy lejano, cuando todo está dentro y fuera, rodeándolos, tocándolos, penetrándolos, conformándolos.

Cuando la mente es el centro, los seres humanos permanecen encogidos por el miedo y eso les hace estar constantemente a la defensiva, siempre les falta algo, siempre tienen necesidad de más: Más amor, más dinero, más poder, más aceptación, más atenciones.

El silencio interior es vacío, es la nada. Es ese espacio en el que no existen pensamientos. Solo existe lo que hay, solo existe lo que es, solo existe la conciencia.

La voluntad para mantener la atención, el trabajo para realizar la meditación y la atención, y la paciencia para esperar los resultados, han de ser permanentes a lo largo de toda la vida.

Busquen el silencio interior y déjense guiar por la intuición, es el susurro del alma.

Los nacionalismos, las religiones, las creencias, las opciones políticas, las tendencias, la sexualidad y, tantos pensamientos erróneos, solo sirven para separar a los seres humanos, todo eso es fuente de conflicto, es germen de guerras.

Todos somos Uno. En la materia todos los hombres sufren lo mismo, todos sienten lo mismo, todos van al mismo puerto, todos están embarcados en el mismo barco, se llama Tierra, ¡Qué bien les iría si todos remaran en la misma dirección!

Vivir de apariencias, vivir tratando de ocultar la realidad personal, vivir con una máscara, vivir para agradar y satisfacer a otros, es uno de los caminos más cortos para llegar al sufrimiento, ya que jamás se va a conseguir satisfacer a todo el mundo, y el no cumplir el propio deseo de agradar y deslumbrar a otros puede ser, y de hecho es, causa de sufrimiento.

El Amor comienza en uno mismo, y para llegar a amarse, primero hay que aceptarse.

Si se tratara de agradar a los conocidos y a la familia con el mismo énfasis que se pone para agradar a los desconocidos, se acabarían los enfados, los malentendidos, los silencios. La vida sería un camino sembrado de pétalos de rosas.

Mientras que la manifestación del Amor es libertad, afecto, comprensión, dialogo, respeto, compañía o tolerancia, solo por citar algunas de las virtudes que acompañan al Amor, el apego está acompañado de algunos defectos, que no son otros que los antónimos de las virtudes que acompañan al Amor: atadura, cautiverio, dominio, esclavitud, opresión, represión, tiranía, celos, envidia.

El Amor es algo que se da porque sí, sin más, y no se espera recibir nada a cambio. Quien Ama solo desea la felicidad de la persona amada.

Quien ha aprendido a Amar, vive, sobre todo, sin miedo. Sin miedo a la enfermedad ni al dolor, sin miedo a la pobreza ni a la riqueza, sin miedo a la muerte ni a la vida. Y vive así, porque sabe que Dios se encarga de todo, ya que en el momento en que el hombre deja descansar a su mente abre las puertas a la energía del Universo, y sabe que todo lo que “necesite” le será dado, porque con la mente en silencio, el hombre no pone trabas, con la energía negativa de su pensamiento que solo quiere satisfacer los caprichos del cuerpo, a la recepción de todo lo que se contempla en su Plan de Vida.



domingo, 8 de abril de 2018

Tocando el alma (1 de 3)


         La vida no es lo que se enseña. La vida es un espacio que se da el alma para realizar un trabajo en concreto.

El ser humano es un alma con un vestido que se llama cuerpo, y es justamente ese vestido el que sufre la violencia de la vida en la materia. Es bueno recordar que la auténtica vida es la vida del alma, y que la vida en el cuerpo no es más que una especie de sueño, una especie de ilusión.

La vida comienza a ser realmente efectiva cuando se integra dentro de cada célula, que el ser humano es un alma, arropada por un cuerpo, que procede de Dios y a Él ha de volver.

No puede el alma volver a integrarse con Dios hasta que no haya adquirido la misma perfección que la Energía en la que ha de integrarse.
Adquirir esa perfección requiere trabajo.



Casi siempre el trabajo que se ha de realizar viene precedido del sufrimiento. No me atrevo a decir que el sufrimiento sea imprescindible, pero sí muy necesario, para hacerse consciente de algún aspecto de la vida, aspecto que, si se tuviera acceso al Plan de Vida, se podría comprobar que esa, y no otra, ha sido la razón de la presente vida. Pero es importante que ese sufrimiento sea de corto recorrido.

Si no existiera sufrimiento, es muy posible que la persona no abandonara su zona de confort y no se planteara nuevas opciones en su vida.

El tiempo que la persona se tome para la realización del trabajo solo es potestad de él mismo.

Nadie es responsable de lo que le suceda a cualquier otro ser humano. Y Dios mucho menos. Ante cualquier desastre personal, existen personas que tienden a culpabilizar a Dios, basando la culpabilización en la premisa de que, si Dios es bueno, y yo cumplo con los preceptos, ¿cómo puede ser que Dios me castigue de esta manera?

No existen castigos, solo es una apreciación del ser humano. De la misma manera que no existen situaciones buenas o malas. Eso solo es una calificación de la mente. Existen situaciones y punto.

Solo el hombre es responsable, total y absolutamente, de lo que le sucede en la vida. En primer lugar, porque se encuentra con situaciones que él mismo ha programado antes de llegar a la materia y, en segundo lugar, porque la gestión de esas situaciones es de su absoluta responsabilidad.

Dios no castiga nunca. Dios Ama de manera incondicional a todos y cada uno de los seres, hagan lo que hagan. Son Sus hijos, son Su propia Creación.

Dios tampoco hace de guía, pero comparte con cada uno su camino, y está esperando a todos y a cada uno al final de su viaje por la vida.

El alma seguirá haciendo viajes a la materia hasta que consiga el objetivo final. Ese objetivo es Amar a todos de la misma manera en la que Dios Ama a todos los seres.

Amor Divino es aceptación de uno mismo, es aceptación del otro tal cual es, es darlo todo a cambio de nada, es hacer que los demás sean felices, es comprensión total, es tolerancia, es alegría, es colaboración, es amar sin juzgar, sin culpar, sin criticar; es ver a Dios en la pareja.

Las palabras claves para vivir una vida plena y feliz son ACEPTACIÓN y AMOR.
Viviendo una vida de aceptación y amor, nunca se van a sentir ofendidos, porque todo “estará bien”, siempre, y ante cualquier circunstancia. Pero si a lo largo de su vida llegaran, en algún momento, a sentir ofensa, han de aplicar el perdón.

No juzguen, las cosas son como son y no han de tener ningún interés en como deberían ser, en como tendrían que ser, en cómo piensan que han de ser.

Viajar desde la mente al corazón es la garantía para conseguir acortar los viajes que realiza el alma a la materia.

La intuición es el lenguaje del corazón. Hay que escuchar al corazón cuando habla. Y cuando se le escucha no se ha de pasar por la mente, ya que lo va a rechazar por irracional.

El momento que está viviendo ahora es único e irrepetible. No se ha dado en todas las vidas que ha vivido, y no se volverá a repetir ni en esta vida ni en las vidas posteriores.

No busquen la perfección. Solamente Dios es perfecto. Busquen ser cada día mejores.

La vida es un sueño. Un sueño entre la alegría y la tristeza, entre la felicidad y el sufrimiento, entre la ilusión y el desencanto, pero tampoco es de mucho alivio saber que se está soñando, porque es a través del sueño desde donde tenemos que librar la batalla de la vida.



sábado, 7 de abril de 2018

Como mariposa...: 30) Epílogo


Y la vida sigue


         Y la vida sigue para Fran, como para cualquier otro ser humano.

            Él sigue con sus dudas y con sus miedos. Al menos, eso es lo que él dice. Sin embargo, visto desde afuera, da la sensación de un ser tocado por una gracia especial: Ante cualquier circunstancia, no se inmuta, prácticamente nunca. Su paciencia es infinita. La manifestación de su amor hace pensar a los que se encuentran alejados del alma de que es un “bobalicón” fácil de engañar. Siempre encuentra una disculpa o una razón para la sinrazón humana. Le entristece la injusta repartición de las riquezas del planeta, aunque entiende que todo está planificado y perfectamente organizado. Siente los estados emocionales de otros, como propios. Siempre dispuesto a ayudar.  Pero también siempre, alejado del mundo, porque el mundo le aburre. Una buena y fácil definición sería decir que es un hombre bueno.

            Ante los atroces acontecimientos del mundo, ante los indignos dirigentes de los países de las naciones, ante el fariseísmo de las religiones, y la mezquindad de la sociedad, no entiende cómo aparecen publicaciones en las que se publicita, a bombo y platillo, que la evolución de los hombres está dando un salto cualitativo y cuantitativo. Fran discrepa, pero…. Seguro que los que lo dicen tendrán poderosas razones para creerlo así, y ¿quién es él para opinar lo contrario?     
       
Son muchas las personas que le piden que ore por ellos, ante una operación, un examen, o una entrevista importante. Y él lo hace, pero avisando que lo hace como ayuda, porque él no es nadie. He escuchado decir de él que es especial y que se encuentra muy cerca de Dios.

Él solo se considera un luchador, y además un luchador intermitente, porque, en muchas ocasiones, le pueden las dudas y el miedo.

A su frase fetiche “Yo sé que puedo”, se podría añadir una segunda, “Ayúdame Señor, porque no sé qué hago aquí. Me quiero ir”.

Sigue dedicándose a la sanación, o más que a la sanación propiamente dicha, a despertar egos dormidos.

“Qué ironía Señor, -dice con frecuencia-, que yo tenga que ayudar a despertar a nadie, cuando, un día y otro también, yo soy el que se siente perdido. Bien es cierto que no creo estar dormido del todo. Supongo que debo estar iniciando un despertar, pero es duro, Señor. Siento la soledad a cada paso, a pesar de que los Maestros dicen que tengo mucha ayuda. Me cuesta verla. Es verdad Señor, lo siento”.

Me siento orgulloso y bendecido por ser su amigo. Personalmente creo que será conocido a nivel mundial, pero Fran siempre me dice, cuando le hago este comentario: “Ya soy muy mayor Alfonso, ya soy muy mayor”.  

     

miércoles, 28 de marzo de 2018

Como mariposa...: 29) El Amor Incondicional y Fran


El Amor incondicional y Fran



El Amor incondicional es esa energía que se expande como el aroma de la flor, sin necesitar de unos padres, de unos hijos, o de una pareja para ser activado.

Quiero relatar en primera persona, -dice Fran-, cómo siento lo que podría calificar como la puerta de acceso al Amor incondicional.

Tenía claro, como supongo que tienen ustedes, que amaba a los miembros de mi familia. Incluso, les amaba en las separaciones, ya que a pesar de todo lo que pasó con Amelie, también sentía algo por ella. Como casi todos los componentes de las parejas que se separan, califiqué, entonces, ese sentimiento como cariño.

Sin embargo, cuando me adentré, un poco, en una vida más espiritual, fui consciente de la baja calidad de mi amor. ¿Por qué era baja? Porque subía y bajaba como una montaña rusa. Era baja porque podía perder la paciencia con facilidad, o porque anteponía mis, llamémosle obligaciones, ante los deseos de las personas a las que amo. Alguien podría pensar que primero es la obligación y después los deseos o los caprichos de los otros, incluso aunque esos otros fueran la pareja y los hijos. Yo pensaba así entonces.

Y seguí pensando así hasta que me planteé como es el Amor de Dios por nosotros: Dios nos Ama siempre, y nos Ama a todos. Y siempre quiere decir, en todo momento.

Así que cuando descubrí que yo no amaba a todos y, además, a los que amaba no les amaba siempre, y el amor que les daba no era de mucha calidad, yo que me tenía por ser un hombre amoroso, sensible y respetuoso, sentí un vacío tan inmenso en mi interior, que confieso que me sentí pequeño, mezquino, interesado y egoísta, y pensé que no lo iba a conseguir nunca, porque, a lo peor, no lo merecía.

Me veía incapaz de Amar, porque tuve claro que lo que sentía no era Amor, solo era un sentimiento que se diluía como un azucarillo en leche caliente. El momento en que mi mente decidía que determinada cosa era más importante que seguir amando, tratando de satisfacer las expectativas que los míos me estaban demandando. Y lo más grave es que no sabía cómo hacerlo.

No fue consuelo para mí constatar que no existe nadie capaz de amar a todo el mundo, y si los hay, son seres excepcionales, que se pueden contar con los dedos de una mano.

Pero si había uno, (pensé en la Madre Teresa de Calcuta, en el Padre Pío, en Vicente Ferrer), para mí fue suficiente. Me dije: “Si uno puede hacerlo, yo también puedo”.

El problema era ¿cómo conseguirlo?

Con las lecturas que hablaban del Amor y en mis meditaciones, supe que era posible. Tenía claro que era difícil, poro al menos, sabía cómo intentarlo:

Tener conciencia de lo que se quiere conseguir: Es prioritario, es imprescindible saber lo que realmente se quiere para comenzar la lucha, y yo lo tenía claro: quería primero amar a mi familia, cada minuto del día y de la noche. Sin peleas, sin levantar la voz, sin realizar ninguna crítica y tratando siempre de satisfacerles, o haciéndoles entender, con amor, la razón por la que sus deseos no pueden ser satisfechos, y después ya vería como exportar ese amor a los demás.

Quería que fueran felices, y que no dejaran de serlo, ni un solo minuto, por mi causa.

Tenía claro que un solo segundo en que tuvieran algún tipo de disgusto, procedente de mí, era un segundo en el que dejaba de amarles, porque durante ese segundo, ellos no eran felices.

Tenía que permanecer alerta, para que eso no pasara.

Ser consciente las veinticuatro horas del día de mis reacciones, para ver cuál se apartaba del amor y por qué había sucedido, para ponerle coto, para que no se volviera a repetir.

Para esto me ayudó, y me sigue ayudando, porque sigo en la tarea, colocarme en el lugar del otro. Sirva como ejemplo mi esposa. Antes de decir ¡no!, de criticar, de culpabilizar o de entrar en una discusión inútil, trataba de entender su momento: Cómo se encontraba de salud, cómo se encontraba emocionalmente, cuáles habían sido las frustraciones de su día, en fin, colocarme en sus zapatos, y repetirme: Si yo fuera ella, ahora me gustaría tal o cual cosa, y trataba de satisfacerla.

Igual con el niño: Entender que su juego es su aprendizaje, que es su trabajo, fue vital para dejar lo que estuviera haciendo y me echara a jugar con él en el suelo.

Aceptar sin cuestionarme nada ante cualquier cosa que hicieran o dijeran los demás, no tenía que cuestionarlo. Sólo tenía que aceptarlo.

Tenía claro que nada de lo que hicieran era para fastidiar. A casi nadie le gusta entablar una discusión porque sí.

Las primeras veces, o para ser más exactos las primeras cien, o mil, veces, trataba de justificar mis pensamientos, mis palabras o mis acciones, ante determinado comportamiento de los demás, hasta que fui consciente de que ellos no estaban inmersos en el trabajo que yo había elegido hacer voluntariamente, por lo tanto, lo que ellos hicieran o dijeran, no debía de importarme, y mucho menos molestarme.

El trabajo era mío. Era yo el que había decidido aprender a Amar. O lo que es lo mismo, era yo quien había decidido hacerles felices.

La aceptación lleva al Amor. Todo lo que hacían los demás empezaba a estar bien para mí. Eso suponía que empezaron a reducirse mis críticas, mis enfados, mis justificaciones.

Y lo más sorprendente, era que toda la familia cambiaba conmigo. Y aquí entendí el dicho. ¡Cambia tú para cambiar el mundo!

Hoy puedo decir que está cambiando mi amor. Creo que me estoy separando del apego y me estoy acercando al Amor, por supuesto, no sé en qué medida, ya que no existe, que yo sepa, ningún artilugio que mida la capacidad de amar.

Empezó a sucederme, y me sigue sucediendo algo curioso. Cuando pensaba, sobre todo en mi esposa y en mi hijo, sentía cómo se expandía mi pecho, y se humedecían mis ojos. Empezó a pasarme, incluso estando con ellos. Observando cuando están realizando algún trabajo, o incluso mirando la tele, permaneciendo en silencio, mi chakra cardíaco comienza su trabajo, y tengo que buscar rápidamente los kleenex, porque lo que sigue ya es conocido: lágrimas.

Mi esposa, ahora que lo sabe, comenta: “¿Otro ataque de amor?”

Pero no era suficiente, porque ese amor quedaba en casa. Tenía que crecer más para poder exportarlo. Y pasó.

Era un día cualquiera, en el que iba solo por la calle, mirando sin ver, sin juzgar, sin crítica mental, cuando de pronto vi a una mamá que llevaba a su hijito en la espalda, amarrado con una manta. La mamá pedía limosna a los coches en los semáforos ofreciendo a cambio un caramelo, mientras el bebé dormía plácidamente. Había visto la misma escena cientos de veces en distintas poblaciones, en distintas calles, con distintas personas, y lo más que pensaba, mientras les daba una moneda, era: “Pobre gente”. Pero ese día fue diferente. Me paré para sacar la moneda, y en ese momento, sucedió. Sentí lo mismo que cuando acariciaba a mi hijo mientras miraba la tele, o mientras miraba a mi esposa en silencio en el momento del desayuno: Mi pecho parecía que iba a estallar, y mis ojos se llenaron de lágrimas.

No lo supe en un principio. Pensé sencillamente que era compasión y que, posiblemente, me encontraba más sensible que otros días. Pero no era compasión, lo que esa mamá y su bebé consiguieron que sintiera, era Amor.

Me volvió a pasar mirando a un guardia dirigiendo el tráfico, otro día viendo a un joven que repartía comida en bicicleta, y otro escuchando a unos niños reírse mientras chapoteaban en un charco.

Entonces lo supe. Estoy en el buen camino.

Aún me falta. Pero sigo trabajando, y cada día me resulta más fácil, porque ya sé lo que quiero, ya sé cómo se siente, ya sé cómo hacerlo.



sábado, 24 de marzo de 2018

Como mariposa...: 28) Fe, miedo.


         Sentado Fran en meditación se hizo la pregunta ¿cómo conseguir la fe?, y se quedó en silencio, primero sintiendo su propia respiración, después nada, solo silencio, solo vacío. Y fue en mitad de ese vacío cuando el pensamiento comenzó a perturbar el silencio:


Las enseñanzas llegarán a ti, según vayas necesitándolas. No dejes que se ahoguen en tu garganta. Tu chakra de la garganta está mal de tanto retener. No de retener las cosas simples de la vida que has aprendido a callar, está mal porque callas los mensajes del alma. Y será a partir de ahí que llegarán las personas que tienen que llegar. Tranquilo, no vas a vivir doscientos años. Sólo actúa con Amor, no tengas miedo, cree en ti.  A los demás les interesa tu actitud, tu ejemplo, tu palabra, tu luz y tu Amor.

Tener fe solo es una elección, una más de las muchas, casi infinitas que se han de hacer durante una vida. Elige actuar con total seguridad de que se van a dar los resultados que esperas: Que las personas que se sientan preparadas, comenzarán a partir de ti, de tu palabra, de tu presencia, a cambiar su punto de visión de la vida. Será a partir de ti que entiendan y acepten su divinidad y actúen como lo que son, hijos de Dios. Ten siempre la completa seguridad de que lo que digas, aunque a tu mente racional no le agrade, siempre será lo que el auditorio, grande o pequeño, necesite escuchar. Tener fe es no tener en cuenta las críticas que puedas recibir, recuerda que no está hecha la miel para la boca del asno.

Así como la fe es tu garantía, tu aval es la creencia. Llevas siglos aprendiendo. Has elegido y aceptado enseñarlo ahora. Cree y confía. Aplícate la máxima que utilizas desde siempre: “Lo que los demás opinen de mí, no me hace ni más alto, ni más bajo, ni más listo, ni más tonto, voy a seguir exactamente igual”, por lo tanto ¿a qué tienes miedo?

El miedo que es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario, en tú caso, solo es imaginario. Tu desconfianza te impulsa a creer que ocurrirá todo lo contrario de lo que deseas. ¿Recuerdas en tus inicios de vida espiritual, allá en el fondo de tu pozo?, había dos conceptos que cada vez que los escuchabas se te removían las entrañas, y hasta te rechinaban los dientes.

Uno era la unión con Dios. El mero hecho de pensar que algún día, en la eternidad, ibas a perder tu individualidad, para ser parte de la Energía Divina te aterraba, de la misma manera que a otros les aterra la idea de morir.

En realidad, no existía ninguna diferencia entre ambos terrores, porque son lo mismo. ¿Qué más da tener temor por abandonar el cuerpo, que temer abandonar la individualidad de alma?

Los dos son fruto de la ignorancia, son fruto de la ilusión de creer que los seres humanos son independientes y que no tienen nada que ver con Dios.

Porque, ¿qué puede ser más grande que ser Dios? Y ese es el final del alma como ente independiente, unirse a Dios, ser Dios. Es como dejar de ser un grano de arena para convertirse en un Universo eterno e infinito.

Recuerda Fran cuál fue su recorrido mental para liberarse de ese miedo:

Todo es cuestión de creencias, porque con excepción de aquellos que han estado en el umbral de la muerte y han podido gozar, según cuentan, del Amor infinito que sienten al otro lado de la vida, los demás tenemos que creer, sin ver, sin sentir, sin saber. A eso se le llama fe.

Tengo claro que somos energía, ya existen muchos estudios científicos al respecto. Además, por mi trayectoria como sanador, en cada terapia siento la energía, y la puedo tocar, (la puede tocar cualquier persona, solo es cuestión de práctica). Tengo fe en que somos una energía desgajada de un Océano de Energía. A ese Océano de Energía, se le pueden dar muchos nombres. A mí, por una cuestión de fe, me gusta llamarle Dios.

En más de una ocasión he podido sentir la energía de Grandes Seres, que son los Maestros, los cuales, habiendo finalizado su aprendizaje del Amor, siguen entre nosotros para ayudar a la humanidad a recorrer el camino por ellos finalizado.





En mi recorrido mental, me hice este planteamiento: ¿Cómo puede ser que me de miedo perder mi identidad para unirme a Dios, cuando Dios se encuentra de manera permanente en mí? Bien sea para pedir, para reclamar o para agradecer. Cuando forme parte de esa Energía, seré Dios. Formaré parte de Dios. No, no hay que rasgarse las vestiduras. Solo hay que pensar en la gota de agua que se desprendió de una ola por el viento, y que vuelve a caer al océano. De manera inmediata, vuelve a ser océano. Pues los seres humanos cuando volvemos a la Energía, volvemos a Ser Dios.

Y yo, impregnado de una estúpida soberbia, tenía miedo de dejar de ser Fran para volver a ser Dios.

Fue suficiente. Mantener ese pensamiento en mi mente fue, no solo haciendo desaparecer el miedo, sino que fue generando en mí el deseo de terminar cuanto antes mi andadura terrenal.

 El terror y rechinar de dientes se fue diluyendo lentamente en la conciencia de Fran, mientras poco a poco, iba integrando en su ser la Grandeza Divina. Y así, hasta hoy, que solo tiene un anhelo, esa unión con Dios.

El otro concepto que removía las entrañas de Fran, era el concepto del Amor incondicional.

¿Cómo puede ser, -se preguntaba Fran-, que se pueda amar a todas las personas de la misma manera?, ¿Cómo se va a amar a un criminal de la misma forma y con la misma intensidad que a la propia madre, por ejemplo?

Entendía el Amor incondicional como concepto, pero le parecía imposible poder llevarlo a la practica en la vida diaria.

Sigue trabajando en ello, porque ahora lo siente, a ratitos, algunos días, y como él dice:
“El Amor incondicional es una manera de vivir. Hay que conseguir llegar a él, zambullirse en su energía y vivir empapado de su esencia”.